Tema 7: Reinos Cristianos (Siglos XIII, XIV y XV)


Las conquistas cristianas del siglo XIII

En el siglo XIII, como consecuencia de la batalla de las Navas de Tolosa la balanza se desniveló definitivamente a favor de los cristianos. 

El reino de Portugal alcanzó la costa meridional, ocupando el Algarve (1249).


Castilla y León

En Castilla a Alfonso VIII le sucede su hijo Enrique I (1214-1217), pero tras su pronta muerte le sucede su hermana Berenguela, que renunció a favor de su hijo Fernando III (1217-1252), nacido de su matrimonio con el rey de León, Alfonso IX. 

Al morir éste en 1230, Fernando III pudo reunificar Castilla y León.

A Fernando III se debe la Reconquista del valle del Guadalquivir: Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248). Además de Badajoz en 1228 y Murcia en 1243.

Mientras tanto su hijo, el futuro rey Alfonso X el Sabio, ocupaba el reino de Murcia (1243). 

La conquista de la Baja Andalucía correspondió al ya rey Alfonso X el Sabio (1252-1284) con la ocupación de Cádiz en 1264 y el reino de Niebla (Huelva en 1262). 

Castilla tuvo que enfrentarse al “problema del Estrecho”, pues con los benimerines en el área del estrecho de Gibraltar se planteaba la posibilidad de una nueva invasión. 

El primer éxito fue logrado por Sancho IV (1284- 1295), hijo de Alfonso X el Sabio, al conquistar la plaza de Tarifa (1292), y ya de forma definitiva por Alfonso XI (1312-1350), tras la batalla del Salado (1340), que permitió la conquista de Algeciras. 

Mientras, resuelto el “problema del Estrecho”, Castilla, compitiendo con Portugal, empezó a demostrar su interés por el control de la vecina costa africana y las rutas atlánticas.


Aragón

Jaime I el Conquistador (1213-1276), rey de la Corona de Aragón, conquistaba las islas Baleares (Mallorca 1231) y el reino de Valencia (1238). Además de Játiva en 1244 y Denia y Biar en 1245.

Los musulmanes habían quedado reducidos al reino de Granada gobernado por la dinastía nazarí, del cual te dejo una lista de reproducción arriba

Terminada la Reconquista para Aragón, orientó su expansión hacia el Mediterráneo. 

Así defendía las rutas comerciales en el Mediterráneo de la burguesía, que apoyaba la política de expansión mediterránea llevada a cabo por los reyes. 

Pedro III (1276-1285) aprovechó el descontento contra el gobierno de los franceses en Sicilia para apoderarse de la isla (1282). 

Alfonso III (1286-1291) conquistaba Mallorca en 1285 (a su tío Jaime II) y Menorca en 1287. 

Más tarde, Jaime II (1291-1327) ocupó la isla de Cerdeña (1323). 

Con anterioridad, los almogávares, mercenarios catalano-aragoneses, habían intervenido en el Imperio Bizantino en las luchas entre turcos y bizantinos. 

Al final terminaron controlando los ducados de Atenas y Neopatria, que se mantuvieron vasallos de Aragón hasta finales del siglo XIV. 

A mediados del siglo XV, el rey Alfonso V el Magnánimo (1416-1458) amplió la presencia aragonesa con la conquista de Nápoles.


La repoblación por repartimiento

La mayor parte del territorio fue repartido en forma de grandes señoríos a los nobles, clérigos y órdenes militares. 

La distribución de las tierras tenía en cuenta la participación en la conquista y la condición social: la alta nobleza recibía más que la de rango inferior. 

La población musulmana permaneció tras la conquista hasta que en 1264 la sublevación de la población mudéjar en Andalucía y Murcia les obligó a emigrar a Granada o al norte de África. 

En las Islas Baleares los repobladores fueron casi todos catalanes. 

En Valencia intervinieron aragoneses, en tierras del interior, y catalanes, en el litoral. 


Las instituciones de gobierno. Las Cortes

En Castilla el monarca gozaba de amplios poderes. 

La Corona de Aragón, era la asociación de varios reinos o territorios (Aragón, Cataluña y Valencia), donde cada uno contaba con sus propias leyes e instituciones de gobierno. 

El poder del monarca tenía un carácter pactista, es decir, debía tener en cuenta a los gobernados antes de tomar una decisión.

Para ejercer su poder, los reyes se ayudaron de las Cortes, reuniones a las que asistían nobles, eclesiásticos y representantes de las ciudades, es decir, miembros de los tres estamentos, que aconsejaban al rey en los asuntos de gobierno. 

Las primeras cortes:

  • León en 1188

  • En el siglo XIII  en Castilla y en los diferentes territorios de la Corona de Aragón

  • A comienzos del siglo XIV en Navarra

Cuando los monarcas convocaban las Cortes su intención era obtener recursos (un servicio o tributo) para financiar su política, pero los miembros de las Cortes aprovechaban el momento para formular sus “peticiones” como contrapartida.

Para vigilar el cumplimiento de lo aprobado en las Cortes se creó otra institución, entre mediados del siglo XIV y comienzos del XV, la Diputación. 

En Aragón se creó también el Justicia Mayor, que era un juez encargado de vigilar el cumplimento de los fueros del reino y de castigar su violación. 


Crisis económica y social

En el siglo XIV se frena la expansión económica de los siglos XII y XIII y se produce una grave crisis económica y social, que afectó a toda Europa y también a los reinos hispánicos. 

A comienzos de la centuria, la producción agrícola comienza a descender, consecuencia de unas malas cosechas que encarecieron los productos agrícolas y desataron el hambre entre la población. 

En estas condiciones fueron presa fácil de las epidemias, sobre todo de la peste negra, que se extendió por toda la Península a partir de 1348. 

Al descender la población, muchos campos quedaron sin cultivar por falta de campesinos y ello afectó de lleno a los señores, grandes propietarios de la tierra, que reaccionaron con dureza para no ver bajar sus rentas. 

Presionaron a los reyes buscando nuevas concesiones, se apropiaron de tierras de los concejos, endurecieron las condiciones a los campesinos y estos respondieron con revueltas.

Por último, también hubo enfrentamientos entre los mismos nobles y contra la corona, tomando parte activa en la guerra civil que, en Castilla, permitió el cambio de dinastía con el acceso al trono de la familia Trastámara. 

Otro de los efectos de la crisis fue la ruptura de la convivencia de los cristianos con la comunidad judía. 

Al extenderse la crisis entre las capas bajas de la población, la hostilidad popular se dirigió contra los judíos acusados de acaparar riquezas y haber entregado a Jesucristo, siendo criticados con dureza desde los púlpitos. 

Las persecuciones contra las comunidades judías terminaban en matanzas y destrucciones. La más fuerte ocurrió en 1391 con un asalto de las juderías, tanto en Castilla como en la Corona de Aragón. 

Muchos judíos, para salvar la vida, se convirtieron, y fueron llamados cristianos nuevos o conversos, vistos con recelo por los cristianos viejos ante la sospecha de que muchos de ellos practicaban secretamente la religión judía.


Evolución política y enfrentamientos en Castilla

La alta nobleza castellana, al frente de grandes señoríos, a partir de finales del siglo XIII, empezó a enfrentarse a la autoridad del monarca. 

A Alfonso XI le sucedió su hijo Pedro I (1350- 1369), llamado “el Cruel” por sus opositores. Fue un férreo defensor de la autoridad monárquica, en contra de la nobleza. 

Ésta se opuso al monarca y apoyaron como rey a su hermanastro, Enrique de Trastámara, uno de los hijos bastardos de Alfonso XI. 

La tensión desembocó en una guerra civil (1366-1369), el bando nobiliario consiguió vencer, poniéndo fin al conflicto tras ser asesinado Pedro I en Montiel por su hermanastro, que pasó a reinar como Enrique II (1369-1379)

Con este monarca se iniciaba la dinastía Trastámara en Castilla, y fue llamado “el de las Mercedes”, por los privilegios y riqueza que otorgó a la nobleza que le había ayudado en su enfrentamiento con Pedro I. 

Durante el siglo XV Castilla conoció una fuerte recuperación demográfica y económica. 

Los reyes Juan II (1406-1454) y su hijo Enrique IV (1454-1474) fueron monarcas débiles, sin carácter, fáciles de dominar, incapaces de imponer el orden ante una buena parte de la nobleza, muy rebelde, cuyas ambiciones no tenían límite. 

A este último, un sector de la nobleza lo acusó de Impotente y consideró ilegítima a su hija Juana, conocida como la Beltraneja y llegó a deponer, simbólicamente, a Enrique IV en la llamada “farsa de Ávila”. 

Enrique IV aceptó, en el Pacto de los Toros de Guisando (1468), que le sucediera su hermanastra Isabel. 

Pero cuando Isabel contrajo matrimonio, al año siguiente, con Fernando, heredero de la Corona de Aragón, Enrique IV desheredó a Isabel y proclamó sucesora a su hija Juana. 

El estallido de la guerra civil entre los partidarios de Isabel contra los de Juana solo estaba a la espera del fallecimiento de Enrique IV.


Evolución política y conflictos en la Corona de Aragón

En 1410 fallecía sin descendencia el rey Martín I el Humano (1396-1410), en consecuencia, la dinastía reinante en la Corona de Aragón se extinguía. 

Para resolver la crisis sucesoria se reunió el Compromiso de Caspe (1412) siendo elegido rey de Aragón el castellano Fernando de Antequera, hermano de Enrique III de Castilla, miembro de la dinastía Trastámara. 

A Fernando I (1412-1416) le sucedió su hijo Alfonso V el Magnánimo (1416- 1458), que destacó por la conquista de Nápoles. 

Y a éste su hermano Juan II (1458-1479), que tuvo que hacer frente a una dura guerra civil en Cataluña, donde se vivía una crisis institucional, social y económica. 

Así, los campesinos (“payeses de remensa”) estaban sublevados contra los señores, empeñados en endurecer las condiciones de la servidumbre. 

En Barcelona, por otro lado, se vivía una fuerte tensión en el gobierno municipal. 

Los artesanos y pequeños mercaderes, arruinados por la crisis se enfrentaron a la alta burguesía, que venía acaparando los cargos del municipio. 

Al final estalló la guerra civil (1462-1472), con enfrentamientos entre los grupos sociales y contra la propia monarquía. 

Juan II terminó imponiendo su autoridad, pero la mayor parte de los problemas continuaron sin solución hasta el reinado de su hijo Fernando. 


Fin de la Edad Media en la Península Ibérica

Los últimos monarcas, Enrique IV de Castilla y Juan II de Aragón, ponían fin a la Edad Media. 

Castilla y Aragón se unían por el matrimonio de Isabel y Fernando (1469), era un avance hacia la formación del Estado Español, pero la unión reunía a dos coronas con una situación muy desigual. 

Castilla estaba en crecimiento y vivía un fuerte dinamismo. 

La Corona de Aragón, en cambio, seguía bajo una situación de crisis económica. Sólo el reino de Valencia vivía un impulso económico. 

Pero la quiebra de Cataluña, devastada por la guerra civil, sin el dinamismo de antes, hacía perder peso a la Corona de Aragón.

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